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Desde Málaga...

Una nueva alegría. Otro grupo de teatro que utiliza mi publicación "El monstruo" para educar. Les adjunto el comunicado que recibí:

A/A Daniel Martin:

Soy Laura Fernández, coordinadora de voluntariado de la Asociación Innova Almería, en nombre de quien le escribo. Somos una Asociación que trabajamos en el ámbito social, desarrollando diferentes programas con menores y jóvenes en diferentes barrios de la ciudad de Almería.

Hace un par de años comenzamos desde el programa de voluntariado, una actividad denominada "Títeres con  Valores" y creamos un grupo que autodenominamos "La Titiritribu". Le escribo para comentarle que su libro "El Monstruo" ha sido una de las obras elegidas para representarla en diferentes centros educativos de la provincia. Hemos combinado la representación de títeres (con su texto bastante fiel) con un montaje audiovisual sobre los malos tratos (sin manifestar expresamente ningún tipo de violencia). Nos encantaría que en algún momento pudiera visualizar la obra y esperamos sinceramente que sea de su agrado.

Nosotros nos sentimos muy orgullosos de que todo el proceso (adaptación de textos, actores, creación de escenarios, montaje etc..) se realice íntegramente por voluntarios/as (incluidos jóvnees usuarios de otros programas). Nos encantaría poder asistir al Festival de Títeres que hay en Canarias pero no creo que nos lo podamos permitir económicamente. De cualquier forma si usted viene por Almería nos encantaría que pudiera asistir a una representación.

Un cordial saludo y nuestra felicitación por su obra y su actividad. Le deseamos el mayor de los exitos!.

Un abrazo.
Laura (Asociación Innova).

Sudores. [s2res]

No sé... tengo que ponerme con el cuento. El maestro dijo que teníamos que llevarlo mañana. Dijo que había que ponerle imaginación... creatividad. Le pregunté a mi madre qué era eso y me dijo que un medicamento, pero no sé... Tengo que tener cuidado con las palabras que pongo... si me equivoco a lo mejor me lo manda a repetir. ¡Qué fastidio! Tenerlo que escribirlo todo. Mejor no me paso de cinco o seis líneas, así me equivocaré menos...

El maestro se pasa la vida leyendo lo que uno escribe pero yo nunca he leído nada de lo que escribe él.

A lo mejor no le gusta. Escribir digo. O sí, pero piensa que no lo vamos a entender. ¡Qué se yo lo que puede estar pensando un maestro!

¡Ya podían escribir ellos el cuento y nosotros leerlo! Así el concurso sería más divertido... Digo. Porque a mi me resulta un coñazo. Para coñazo las páginas amarillas. Escribirlas tubo que ser la pasada. Joder y las repiten cada año. Eso es valor. Seguro que le pagan.

A lo mejor si me pagan, escribo algo. No sería mala idea. A lo mejor puedo comprar creatividad. Si es un medicamento en la farmacia tienen que venderla. Fijo.

Hablando de escribir. Le voy a mandar un mensaje a Kevin...

[hi ktl  mandam web par copiar txt par maestro d lengua xcias a2]*

*Hola ¿qué tal? Mándame página web para copiar texto para el maestro de lengua. Gracias. Adiós.”

El padre de Kevin seguro que vende ese medicamento que dice mi madre... el padre de Kevin vende de todo, loco. Ayer le vendió una serpiente a Olivia. Fijo que se la dejó barata. Está buena. Olivia digo, no la serpiente...

beep, beep, beep

[Krlos, ktdn! fijo copias el= ky maestro n s bobo a2]

*Carlo, ¡que te den! Si copias el mismo que yo, el maestro se dará cuenta. Adiós.”

Joe, este Kevin piensa en todo, el loco.

Leer por placer o el placer por leer. Un reflexión.

Se acercó a la librería. Escogió un libro.

Volvió a leer hace unos meses, cuando los chiquillos empezaron a nadar. Casi una hora mirando como chapoteaban el agua y a un monitor que no paraba de gritar daba para mucho. Los primeros días llevaba la cámara de fotos, pero a las semanas se aburría.  Primero fueron las revistas del club; luego los libros que los niños tenían que leerse para el colegio. Hasta que un día se animó con ¿Quién se ha llevado mi queso? Luego otro; y aquel que le recomendaron; y aquel otro que le prestó  un padre, que también se aburría e intentaba ligar con ella.

Total, que comenzó a leer de nuevo.

No necesitó mucho tiempo. Agarró aquel libro y se acercó al mostrador.

-- Buenas tardes, ¿le puedo pagar con tarjeta?

Le dependienta se le quedó mirando y respondió:

-- ¿Porqué ha elegido este libro? ¿Podría ponerle otro título? Leyendo el título, ¿de qué cree que trata? Fíjese en las ilustraciones de portada, ¿le gusta? ¿Conoces al autor? ¿Se ha leído otro libro de este mismo autor? ¿Quiere un ordenador para que busque información sobre él?

Cuando la librera levantó la vista, la mujer había dejado el libro y salió corriendo, despavorida.

A los meses realizó una exposición fotográfica que tituló "Aprendiendo a nadar".