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Bibliotecas 2.0.

Estoy en un periodo de formación personal relacionando aspectos educativos, sociales y culturales con las redes sociales, como espacios de comunicación, colaboración y evaluación de todo el proceso de intervención. Las impresiones, aún queda mucho para ser conclusiones, son alentadoras: el ciudadano se implica (o por lo menos eso parece) y responde a las propuestas, tímidas aún, que se hacen.

Aún queda mucho camino por recorrer; muchos han vencido el miedo, la nostalgia, el folklorismo, la quietud creativa o la mediocridad, y se han lanzado de lleno a hacer de la gestión de la cultura un elemento propio de una forma de ser y de ver nuestra participación en la sociedad.

Las bibliotecas no se quedan al margen, y han entendido rápidamente que la evolución no es otra que la Biblioteca 2.0., necesaria e inclusiva propuesta de trabajo para usuarios nativos en la redes sociales y en la sociedad de la información y para otros que se incorporan, con esfuerzo, a los nuevos mecanismos de comunicación.

¿Qué pasará con las bibliotecas escolares? ¿Tendrán un espacio posible en las redes sociales y en el Internet 2.0.? ¿Será necesario? ¿Qué recursos y herramientas serían suficientes? Demasiadas preguntas que deben irse contestando en breve. No podemos, no debemos, quedarnos de nuevo atrás. La escuela no se merece eso. No deberíamos permitirlo.

Para más información:







Biblioburro: sencillamente, precioso.

Si alguien quiere hacer un proyecto de Animación a la lectura y no encuentra suficientes motivos, les recomiendo que le dediquen un tiempo a ver este vídeo. 

Plan lector de mi centro.

Soñadores de cuentos: Club de lectura.

Para todos los amantes del álbum ilustrado... una iniciativa que me parece muy interesante:

¡Qué bien! Felicidades a Soñadores de cuentos por la iniciativa.

Susto en EL Corte Inglés.

Estimados amigos, hoy me ocurrió algo en El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria. 

Estaba comprando unos cuadernos de ortografía para mi hija y pasé por la sección de la librería para adquirir un ejemplar de mi propio libro "Grejo y el mar" que necesitaba para regalar a una amiga maestra. Me dicen que no tienen y que me tengo que dirigir a la zona de ventas de libros escolares, que allí podía encontrarlo. Y así lo hice. Cuando llego me dicen que está agotado y que no hay distribución en Canarias que debía esperar unas semanas para adquirirlo (que venía de península), cosa que no es cierta, porque sí que la hay: Libro Siete es la empresa que distribuye San Pablo en Canarias. Entonces le corrijo a la señorita y le comento que creía que existía una distribuidora. Ella llama a un señor, me imagino su responsable y le comenta lo sucedido. El señor se dirige a mi y me dice tajantemente que el libro está agotado en la editorial y que no lo voy a conseguir. Entonces le informo que soy el autor y que eso es imposible (minutos antes había hablado con la comercial en Canarias de San Pablo y me hubiera informado de esa buena noticia, aún estaría celebrándolo). El señor reafirma sus palabras. "El libro está agotado en península". Así que pienso: o están mal informados o pretenden que yo no me acerque a otra librería a comprarlo, jugando de esa manera con mi confianza (como cliente) en la marca (El Corte Inglés). No es la primera vez que me sucede, hace unos meses necesita regalar también un ejemplar del "Diario de un visitante", publicado por Anroart, y la señorita me dijo que Anroart no publicaba literatura infantil y que ese autor no existía. Por supuesto, no le dije que ese autor anónimo era yo, simplemente me hizo gracias, porque además tenía razón, no soy nadie relevante como autor. Así, que prefiero quedarme con la primera de las opciones: el señor no estaba bien informado, no vamos a pensar mal. Digo. El Corte Inglés en Las Palmas de Gran Canaria siempre se ha portado bien conmigo, hemos colaborado juntos y me han prestado sus instalaciones para presentar algunos de mis textos. Pero no me siento a justo con este tipo de situaciones como creador; y casi prefiero que me copien a que confundan a un futuro lector, que como escritor, me merece todos los respetos del mundo. Por lo demás, compré los libros de mi hija con los que se aburrirá aprendiendo a no tener faltas de ortografía, que no significa que le enseñen a escribir.