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El plan lector de mi centro: el que anima a un maestro a leer.

Tengo suerte. Mucha. En mi centro me animan a leer continuamente.
Nuestro Plan Lector está vivo:

Me anima con la experiencia y la dulzura que aporta la miel que se derrama en los libros que entran en el centro.

Me anima cuando escribe un cuento, y otro y otro y otro; y luego los fotocopia y nos lo entrega, como quien reparte un mapa del tesoro.

Me anima cuando me mira pensando “lo que dice es en serio o se está quedando conmigo o tiene delirios de quijote...”.

Me anima cuando me trae un álbum ilustrado que ha descubierto y lo pone en mis manos para que dicte sentencia, aún sabiendo que nunca llegará.

Me anima cuando se sienta con los niños y las niñas a escucharme narrar historias y sus ojos se abren como ventanas, sorprendida por lo que acaba de escuchar.

Me anima cuando me llama por mi nombre completo con energía y construye una fortaleza con una enorme puerta por donde entran los cuentos.

Me anima cuando el trabajo y el amor por los libros supera la ficción, la literatura y el arte, porque ha decidido llegar para no marcharse nunca.

Me anima cuando siempre hace todo lo posible por hacer que nos sintamos mejor con sus decisiones.

Me anima cuando limpia con respeto la tierra de sus manos y pone los frutos al alcance de todos.

Me anima cuando dice que me conoce y que conoce a quien me conoce, aún sabiendo que tampoco es para tanto.


Éste es el Plan Lector de mi centro: el que anima a un maestro a seguir creyendo en los abrazos que recibimos cada vez que empezamos diciendo “Érase una vez...”.

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