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Leer por placer o el placer por leer. Un reflexión.

Se acercó a la librería. Escogió un libro.

Volvió a leer hace unos meses, cuando los chiquillos empezaron a nadar. Casi una hora mirando como chapoteaban el agua y a un monitor que no paraba de gritar daba para mucho. Los primeros días llevaba la cámara de fotos, pero a las semanas se aburría.  Primero fueron las revistas del club; luego los libros que los niños tenían que leerse para el colegio. Hasta que un día se animó con ¿Quién se ha llevado mi queso? Luego otro; y aquel que le recomendaron; y aquel otro que le prestó  un padre, que también se aburría e intentaba ligar con ella.

Total, que comenzó a leer de nuevo.

No necesitó mucho tiempo. Agarró aquel libro y se acercó al mostrador.

-- Buenas tardes, ¿le puedo pagar con tarjeta?

Le dependienta se le quedó mirando y respondió:

-- ¿Porqué ha elegido este libro? ¿Podría ponerle otro título? Leyendo el título, ¿de qué cree que trata? Fíjese en las ilustraciones de portada, ¿le gusta? ¿Conoces al autor? ¿Se ha leído otro libro de este mismo autor? ¿Quiere un ordenador para que busque información sobre él?

Cuando la librera levantó la vista, la mujer había dejado el libro y salió corriendo, despavorida.

A los meses realizó una exposición fotográfica que tituló "Aprendiendo a nadar".

1 comentarios:

May dijo...

Fantástico, genial y muy, muy, muy real.