
Con los libros en las manos. ¡Así se hace! Ese es el lugar; ahí es donde deben estar. Simplemente debes levantar las manos, poco a poco y... lanzarlo bien lejos. Tal vez tengamos suerte y le golpee a alguien en la cabeza, lo deje atolondrado y piense que los libros caen del cielo, se asuste y salga corriendo a guarecerse, no sea que otro golpe, lo convierta en lector para siempre.





